31 ago. 2010

¿Celoso yo?

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En bastantes ocasiones, la primera preocupación de las madres al descubrir que esperan un nuevo hijo, es el asunto de los celos. Efectivamente, no es raro que los recién nacidos reciban de sus hermanos «caricias» y «abrazos» tan exagerados como sospechosos, o sean víctimas de «experimentos» nada inocentes sobre la resistencia de sus orejas, o de mordiscos y agresiones ya absolutamente descaradas; o cual justifica la inclusión de este tema en el capítulo de prevención de problemas de los bebés, pues además, también los celos (y sus consecuencias) son más fáciles de prevenir que de curar.

Desde luego, la inquietud no es tanto por el futuro hijo como por los que ya se tienen, sobre todo si con sólo anunciarles la llegada de un hermano ya empiezan a mostrarse más nerviosos y desobedientes. Los celos a menudo se manifiestan de forma encubierta, con mal humor o problemas a la hora de comer y dormir, reaparición de conductas ya superadas (volver a mojar la cama o a chuparse el dedo o a no querer separarse de la madre), y actitudes negativas o agresivas no siempre dirigidas hacia el bebé, por el que incluso pueden sentir y demostrar afecto. Sin embargo, la primera reacción que provoca el nuevo hermanito, más que de celos, es de miedo a salir perdiendo con la novedad, pues los niños se sienten inseguros con cualquier cambio, y que los padres hayan decidido nada menos que traer otro inquilino a casa es como para echarse a temblar. Realmente, los celos siempre nacen del miedo a perder algo, pero también es lógico que los críos se sientan amenazados por un intruso que requiere casi toda la atención de la madre (y encima, hasta duerme a su lado), y lo normal es que superen pronto sus temores, al comprobar que a ellos les siguen cuidando y queriendo i que compartir a los padres no significa perderlos.

Al principio ha y más nervios que celos.

Hasta aquí, todo es bastante normal. A fin de cuentas, es un sentimiento que también podemos tener los adultos, de forma que es mejor ser comprensivos y no preocuparse demasiado por unos pocos celos. Y mirar para otro lado si el niño se pone algo pesado, no sea que aprenda a conseguir lo que realmente más quiere (es decir, que le hagan caso), precisamente quejándose las ventajas que tiene el hermanito... o dejando de comer.

Fácilmente reaparecerán algunos celillos a medida que el bebé se haga más gracioso y más protagonista, pero a veces son ya muy exagerados y se convierten en una auténtica pesadilla incluso desde antes de su nacimiento. Lo mismo que la fiebre, esos celos no son más que un síntoma (tan llamativo y molesto como útil), que nos advierte del auténtico problema. Tras los celos, siempre se esconde un sentimiento de inseguridad. Quizás el niño presencia peleas continuas y vive en un ambiente inestable, o no se siente querido porque se le está pretendiendo educar a base de castigos y amenazas, pues en ambos casos, no tolerará que un hermano venga a robarle nada de lo poco que tiene. , sus padres han estado tan pendientes de evitarle cualquier dificultad y de satisfacer todos sus deseos, que no ha podido aprender a conseguir nada por sí mismo porque se lo han dado siempre todo hecho, y dependiendo totalmente de sus padres, es natural que tampoco quiera compartirlos con nadie.

Los celos no a parecerán si el niño se siente seguro del afecto de sus padres y de sus propios recursos.

Sería ridículo decir que una pareja debe procurar vivir en paz para evitar celos entre sus hijos. Hay lo que hay, y las consecuencias de un mal ambiente familiar, por desgracia, no se limitarán sólo a eso. Pero respecto a las otras actitudes que también engendran celos, cabría recordar, por un lado, que la educación supone practicar el equilibrio entre tolerancia y disciplina, pero la vara no es el mejor instrumento para lograr que los niños aprendan a comportarse debidamente, y por otro, que necesitan afecto y seguridad, pero también se debe estimular su independencia.

Alarmarse antes de tiempo o más de lo debido, aparte de inútil, puede ser contraproducente. Eso es lo que a veces ocurre con la prevención de los celos, pues a menudo, con la mejor intención y justo por querer evitarlos, son los mismos padres quienes los provocan. Especialmente cuando alguien con experiencia (o mejor dicho, con malas experiencias) les garantiza que el hermano se volverá absolutamente insoportable en cuanto nazca el otro, y ante tal perspectiva, ya durante el embarazo empiezan a «mentalizarlo», y en vez de explicarle que le ha tocado la lotería porque va a tener un hermanito, insisten una y otra vez en que a él le van a seguir queriendo igual, con lo que al niño se le acaba poniendo la mosca detrás de la oreja: pues si tanto le advierten de que no va a ocurrirle nada, es precisamente porque pintan bastos, igual que cuando le dicen que la vacuna no le dolerá, y luego ya se sabe lo que pasa.

La llegada de un hermano hay que anunciarla como un regalo, que de eso se trata (y más hoy en día). Y actuar como cuando se esperan a los Reyes Magos, que nadie prepara a los niños para que acepten los juguetes.

Decirle:

“¡Qué suerte! ¡Vas a tener un hermanito!” es mas verdadero y adecuado que “Vas a tener un hermanito, pero no te preocupes”.

También es frecuente tratar de superar el problema, procurando demostrar más cariño al niño celoso. Claro que eso nunca viene mal, pero no debe ser una compensación. No hay que indemnizar a los niños por el nacimiento de un hermano. Por descontado, si la madre da un beso a su hijo recién nacido, lo natural es darle dos al otro, pero no por miedo a los celos, sino porque comprende su ansiedad y siente aún más ternura hacia él. En caso contrario, y especialmente si los padres se sienten «culpables» (?) de lo que el «pobre» (?) ha «perdido» (?) por haberle traído un compañero, se empieza repartiendo las caricias por obligación, y se acaba con que el mayor quiere también el chupete y el biberón, y que le paseen en el cochecito, y meterse en la cuna del bebé... Además, si se le acostumbra a obtener por sistema una atención especial cada vez que al bebé se le han de cambiar los pañales o recibe cualquier cuidado, el día que eso no ocurra, pensará que le están robando algo. Y aún peor: en el fondo puede creer que en realidad ya no le quieren, y que si le dan lo mismo que a su hermano, es para que no maree más. Lo cual, lamentablemente, acaba por ser cierto.

Cuando pase el tiempo, aparte de evitar comparaciones y preferencias injustas, conviene dar la vuelta a la tortilla y descubrirles el placer de compartir las cosas; pero por el momento sólo pueden compartir a los padres. En ese sentido, va muy bien hacerles ver las ventajas que tienen por ser mayores, y pedir su colaboración para cuidar del pequeño, procurando que se consideren como los protectores del más pequeño de la tribu de ese menorcito indefenso que ni habla ni camina aún. Sentirse útiles les enseñará además que los cambios pueden suponer la aparición de nuevas posibilidades, pues con el nacimiento de su hermano han dado de ser los más pequeños de la familia y se les permite desarrollar y gozar de mayor autonomía. De un día para otro, podrán proclamar con orgullo aquello de «Ya soy mayor», y con toda la razón, pues por lo menos, ya son «mayores»... que el otro.

No obstante la mejor receta para evitar los celos quizá sea olvidarse de su existencia y actuar con toda naturalidad, dando a cada hijo lo que necesite, sin preocuparse demasiado de lo que pueda pensar el otro. Porque cuando se quiere a alguien de ve o hay que esforzarse en demostrárselo, ya lo nota.

Lo mejor para evitar los celos es no preocuparse demasiado y actuar con naturalidad.

Si tienen algunas celillos, recordar que eso es normal y pasajero, y no empezar con compensaciones forzadas, ni tampoco hacerles sentir culpables regañándoles, ni darles demasiadas explicaciones que realmente no necesitan. Es mejor burlarse cariñosamente de sus celos, haciéndoles sentir entre bromas que les comprendemos, pero que no tienen motivo para preocuparse. O sea, decirles la verdad, que eso es una buena receta para todo.

1 comentario:

  1. Como debo hacer tengo un hijo de 11 años y una de 2 años, pero los celos de mi hijo varon son con su papa no soporta q se me acerque (el solo echo de que me de un simple beso o un abrazo, es motivo de enojo para el)ha sido asi desde pequeño, duro un tiempo que parecia no importarle pero de 1 año para aca aproximadamente volvio con los celos y de una forma mas intensa, si pueden darme unos consejos al respecto se los agradecera pues ya pense en llevarlo al psicologo.

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