31 ago. 2010

Los castigos, ¿un mal necesario?

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No hay familia que no plantee en algún momento las preguntas: "¿Es licito castigar?", "¿como se debe castigar?". Sin embargo, quizás la primera pregunta que es necesario responderse es: "¿Para que castigar?".

La respuesta mas obvia es para enseñar al niño a ser disciplinado, a obedecer, a respetar, a cumplir con lo que se espera de el. De alguna manera, el castigo surge como una medida que se toma cuando el sistema educativa ha fallado y el niño no ha podido —o no ha querido— cumplir con las expectativas que los padres se han hecho en relación a como debe comportarse.

De manera que antes de plantearse si es justo castigar, parece necesario preguntarse si el niño tenia claro como esperaban los adultos que se comportara y si, dado su nivel de madurez, podría hacerlo.

Si un niño rompe intencionalmente una planta (no accidentalmente), la mama puede expresarle su pena y decirle: "Me da mucha pena que hayas roto mi planta y quisiera que aprendieras a cuidarlas conmigo. Anda un rato a tu pieza, mientras yo ordeno, y tu piensa un poco, y después buscaremos una manera de hacer una plantita nueva". Se trata de que el niño aprenda por las consecuencias naturales de sus conductas.

Enseñar y poner normas no significa necesariamente castigar, pero el niño debe tener alguna sanción frente a los problemas que crea. En lo posible, apenas este en edad de hacerlo, hay que preguntarle como podría arreglar la situación en que ha fallado y como podría evitar que le sucediera en el futuro.

En el castigo el niño pago su culpa, pero no hace propósitos para el futuro ni repara su falta. Lo que no se hace "por miedo" pierde su efectividad en cuanto desaparece la persona que impone el castigo.

La autodisciplina debiera ser la meta de cualquier sistema educativo.

Consecuencias del castigo
En lo posible se aconseja no castigar y, por supuesto, nunca hacerlo usando el castigo físico. Un adulto tiene aproximadamente dos veces el tamaño de un niño y tres veces su peso. El niño sentirá como si un gigante le pegara. Es una situación demasiado amenazante y que, además, proviene de alguien que debiera quererlo y protegerlo.
Por otra parte, le da al niño otro mensaje: "Los conflictos se resuelven por la fuerza y con la violencia". ¿No piensa usted que hay demasiada violencia para que sigamos educando a niños que hagan de la agresión la manera de resolver la agresión?

Alternativas al castigo

Por supuesto que hay ocasiones, que ojala fueran las menos, en que los niños, a pesar de saber que se espera de ellos y poder hacerlo, no cumplen con esto o hacen algún daño intencional. En esta situación los padres necesitan transmitir al niño, a través de alguna medida, sus sentimientos y reacciones frente al hecho y explicarle lo que se espera que haga en el futuro.

Dos años

Hay que tener cuidado con un cambio brusco en el sistema disciplinario; al niño que hasta hace unos meses había sido regaloneado y alabado por todo, a veces, en forma muy repentina, se le exige que aprenda "a avisar", a "mantenerse limpio", a no jugar con los adornos, y asi pasa de un mundo placido y sin exigencias, a una atmósfera llena de normas, presiones, exigencias y castigos.

Resulta mejor ir lentamente. Es mas sabio premiar sus éxitos, y aprender a ser paciente ignorando lo que no logra y explicarle lo que se espera de el.

Cuando esta haciendo algo que no es del agrado de los padres debe pedírsele que lo deje de hacer y desviar la atención hacia otros juegos.

Recuerde que una gota de miel vale por un tonel de miel. El único castigo posible (y que debe ser usado muy pocas veces) es prestarle poca atención cuando esta haciendo algo que molesta, "como el llanto por mafia o una pataleta". Llevarlo, por ejemplo, un rato a su pieza (nunca mas de cinco minutos) para que se tranquilice, si insiste en romper algo, o en tener una rabieta que perturbe la paz familiar, pero en lo posible acompañado para que no se sienta angustiado.

Tres años

El niño esta desobediente y oposicionista, y la tentación de solucionar el conflicto imponiendo el poder es grande. Pero los resultados serna malos; en algunos niños se acentuara la rebeldía con el castigo, y otros carean en una sumisión que los llevara a la timidez. Si el niño a los tres anos se acostumbra a obedecer por temor al castigo, es muy posible que se mantenga en la infancia, con lo que crecerá lleno de miedos. Si hace un problema en una salida con usted, tómelo tranquilamente de la mano y vuelva con el a la casa, aunque grite y patalee, pero en una actitud serena, dejando en claro que ,desafortunadamente , cada vez que se repita la situación, los papas van a tener que hacer lo mismo. En esta edad, y en otras edades, mantenga al niño con su energía ocupada en forma constructiva, y vera como los problemas disminuyen. Si esta sin nada que hacer es probable que, en serial de aburrimiento y disgusto, de problemas. Los niños prefieren recibir atención en forma de castigo, que ser ignorados.

Cuatro años

El niño ya comprende mejor las consecuencias de sus acciones; le gusta colaborar y es necesario darle razones, pero sin exagerar y caer en un sin fin de argumentos y contra argumentos de nunca acabar. Siempre que sea posible, mas que castigar es bueno que aprenda por las consecuencias naturales de sus conductas. Una mama que mandaba al niño al jardín en el transporte de la oficina discutía todas las mañanas para conseguir que se apurara en levantarse. Después de mucho pelear, dejo que dos días el coche se fuese sin el. Por supuesto, debió sacrificarse ella en ir a dejarlo en bus, pasar frío y viajar en forma incomoda y explicarle a la encargada del jardín el porque de su llegada tarde. Después de esta experiencia se acabaron las discusiones por la levantada.

Cinco años

Si las normas y la disciplina se han establecido bien en los anos anteriores, en el primer semestre no debería haber necesidad de imponer autoridad, ya que el niño esta bien dispuesto hacia los padres. Cuando la disciplina ha sido muy estricta, es posible observar con frecuencia timidez o rebeldía en el. Si, por el contrario, se ha sido excesivamente blando, es posible que el niño se transforme en un pequeño tirano. Las sanciones y criticas uselas poco; ojala sean ocasionales, y solo cuando es imprescindible.

Seis años

Si a los niños se les deja reflexionar pasado el primer periodo de ofuscación, pueden definir cual es el problema, entender lo que no están haciendo bien y buscar soluciones. La meta educativa de una eventual sanción es que los niños aprendan a comportarse en forma adecuada, no como robot, pues aceptan y comprenden el significado de lo que se espera de ellos.

Si un niño comprende que debe comer la mayor parte de la comida que le sirven para crecer sano, comerá con apetito y la asimilara mejor que si siente que es alimentado como "pavo antes de Navidad".

Excelente publicación de alguien tan reconocido en nuestra comunidad.






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