8 sept. 2010

Comer...un Placer

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Ahora se establecen los buenos hábitos Si fuera por ellos, algunos niños se alimentarían sólo de pollo con papas fritas. Pero, obviamente, para crecer sanos y fuertes, necesitamos algo más.
El desayuno en los niños
Algunas propuestas para esta edad:
1.- Vaso de leche con copos de cereales, edulcorado con miel, y una o media fruta (según tamaño).
2.- Un vaso de jugo, una rebanada de pan (puede ser tostado, y preferentemente, de pan integral) con mantequilla y mermelada, o queso fresco.
3.- Una papilla preparada con leche y copos de avena, añadiendo miel y trozos de frutas.
4.- Un yogur con frutas de la temporada o frutas secas y cereales. ¡Ojo! Los pasteles y las galletitas no aportan la misma energía que los cereales.
A primera vista, ya está todo dicho: a partir de los dos años, el niño puede comer de todo, y punto. Pero aún existen algunas diferencias con respecto a la alimentación de los adultos. Casi más importante todavía es el hecho de que ahora se aprenden los hábitos dietéticos, todos estos gustos y costumbres que se conservarán durante toda la vida. Parece prematuro pensar ya en la gota o en la arteriosclerosis, pero lo cierto es que muchas enfermedades adultas tienen su origen en los malos hábitos adquiridos en la infancia.
Calorías variadas Un niño entre dos y seis años necesita unas 80 calorías diarias por kilo de peso, esto es, para un niño que pese quince kilos, unas 1.200 calorías al día. Pero las calorías sólo indican la cantidad y no la calidad de la comida. Esta sólo se consigue con el aporte de la mayor variedad posible de alimentos.
La mayoría de los nutricionistas es más sano hacer cinco comidas pequeñas que tres grandes. Siempre que el ritmo de nuestra vida familiar lo permita, debemos atenernos a esta recomendación.
Mucho se ha hablado de los mal que desayunamos. Ahora estamos a tiempo de enseñar a nuestros hijos a desayunar bien. Tras las largas horas de la noche, el organismo necesita, sobre todo, proteínas e hidratos de carbono para poder realizar una actividad normal. Así que, además de la leche, se deben servir también cereales y fruta. Una fruta o un jugo a media mañana ayudan a mantener la energía.
En la comida del mediodía, así como en la cena, se deben alternar verduras, papas, legumbres, arroz, harina de maíz de
trigo (fideos), acompañados por carne, pescados o huevos. También la grasa es importante, a pesar de su mala fama. Sin grasa, el organismo no puede asimilar ciertas vitaminas. Damos preferencia al aceite de oliva, teniendo cuidado con las grasas animales "escondidas", por ejemplo, la de las cecinas.Las sopas y caldos no son imprescindible: a algunos niños los llena demasiado, de manera que luego no les queda ya hambre para el segundo plato.Con los condimentos hay que seguir teniendo cuidado. El sentido del gusto de los chicos es cinco veces más fino que el de los adultos, de manera que no es de extrañar que aborrezcan los sabores
 (fuertes(. Es mejor condimentar con hierbas, que no solo saben bien, si no que también aportan vitaminas. También la sal se debe emplear lo menos posible (a los niños hasta los diez años sólo necesitan dos gramos diarios).
Vitaminas que no falten Cuando se habla del tema de la alimentación, se nombran, sobre todo, las vitaminas. Muchos piensan especialmente en la vitamina C, contenida en las frutas y en las verduras, pero también las demás son importantes: la vitamina A (leche, mantequilla, zanahorias, tomates), las del grupo B (cereales integrales, huevos, nueces, peras, bananas), la D (leche, manteca, huevo), la E (germen de cereales, carne), y la F (grasas), además de algunas otras. Sin el constante aporte de vitaminas, el organismo podría sufrir graves enfermedades carenciales. Pero esto ocurre muy pocas veces en nuestras latitudes. La oferta de alimentos es tan variada que cualquier familia puede dar a sus hijos todos los nutrientes necesarios a poco que se esfuercen en la planificación de la dieta.
Las golosinas Cien gramos de azúcar contienen 409 calorías, y
nada más. Ni vitaminas, ni proteínas, ni otros nutrientes. Por ello los dulces no se deberían considerar como alimentos. Los niños los adoran, por lo cual será inútil prohibirlos. Los que sí podemos hacer es vigilar que se coman en pequeñas dosis, y mejor todo de una vez (lavándose después los dientes) que a cada rato. Siempre que sea posible, conviene sustituirlos por frutas secas (nueces y pasas) o, mejor aún, por fruta fresca. Dejarlos solo para las fiestas es un muy buen consejo.Jugos Los niños tienen más sed que los adultos y, por lo tanto, necesitan beber más (entre los dos y los tres años, hasta un litro diario).Los jugos se ofrecen como la bebida más apetecible.
Damos preferencia a los jugos recién exprimidos en casa, pero los niños también pueden tomar los comerciales, siempre que en el envase se indique que se trata de jugo 100 por ciento natural, sin azúcar, colorantes ni conservantes.No hay que olvidar que el jugo de fruta es un alimentos que, además de las vitaminas, contiene azucares propios; o sea, que su ingestión puede quitar el hambre, con lo cual habrá que vigilar en qué momentos se dan.El jugo de tomates en menos calórico, pero no suele gustar a los niños. Para calmar la sed en las comidas o inmediatamente antes, la mejor bebida es el agua, pero también se puede mezclar el jugo con agua mineral sin gas. Comidas dentro y fuera de casa
Los niños que comen fuera de casa deberán estar más vigilados en su alimentación. Hay que saber compensar su dieta de acuerdo en el menú del jardín infantil. Para una correcta alimentación y educación alimentaría del pequeño es importante que los padres estén bien informados de lo que su hijo come en el jardín infantil y que tengan esto presente al realizar las otras comidas en casa. Es decir, conociendo el menú que se come afuera, hará que estudiar la manera de compensarlo y equilibrarlo en las cenas, colaciones y desayunos.A esta edad es muy importante tomar un mínimo de tres vasos de leche (o su equivalente en derivados lácteos) y verduras a diario; también al menos, una porción de fruta en la comida o cena. La carne y el pescado se deben alternar de forma que no falte una u otro en la dieta diaria, así como de dos a tres huevos semanales. Para completar el aporte energético, hay que consumir al día alguno de estos alimentos: pan, arroz, legumbres, pastas. La colación: Para muchos chicos es una de las comidas más placenteras. Esto se debe en parte a que los alimentos que se comen en la colación
 gustan a los pequeños. Otro aspecto importante es que esta comida es tal vez la más lúdica de todas, ya que transcurre mientras se juega o se ve la televisión.En esta edad, de tres a cinco años, nunca debe hacerse once-comida sino realizar ambas comidas por separado. En la colación se debe incluir un sándwich (para los más grandes) de algo a su gusto (jamón, queso). Es importante también tomar un vaso de leche. No es aconsejable una colación muy abundante, porque les restará apetito para la cena.Cuando no comen. Unos de los problemas que más atormentan a los padres es la falta de apetito del niño. Antes de convertir las comida en una batalla, conviene investigar las causas.Todos los padres quieren que sus hijos coman bien. Tener buen apetito es señal de salud y, además, es gratificante saber que les gusta lo que les preparamos. Por eso, cuando están inapetentes,
 pueden surgir verdaderos dramas familiares. ¿Por qué no comen? ¿Acaso están enfermos? ¿O lo hacen por fastidiar?. Repasemos las posibles causas.
* Pocas veces se trata de un trastorno orgánico. Sin embargo, si la inapetencia es crónica, conviene someter al pequeño a un chequeo que determine si realmente existe una causa seria.
* Cuando el niño está incubando una enfermedad o acaba de pasarla, es muy frecuente la inapetencia, pero se curará en unos pocos días.
* También hay temporadas que tiene menos hambre. Una de ellas es el verano, pero también pueden surgir sin causa aparente.
* A veces, los niños pican más entre horas de lo que los padres se dan cuenta. Hay que vigilarlos e incluso anotar qué es lo que han comida.
* Existen dos épocas criticas para la comida. La primera empieza alrededor de los 10 meses, cuando la alimentación (fácil( toca a su fin. La segunda se sitúa cerca de los dos años. Ahora, el niño ya no crece ni engorda de forma tan vertiginosa y, por lo tanto, necesita menos alimento en relación con cada kilo de peso.Muchas veces, os padres están equivocados sobre las necesidades reales de sus hijos.Otros problemas: Sin embargo, la mayoría de los conflictos a la hora de comer obedecen a causas cuyo origen hay que buscar en el aspecto emocional del niño y en sus relaciones con el entorno más próximo. Quizá al principio sólo se trate de una pequeñez, pero rápidamente se inicia un circulo vicioso: el niño se niega a comer y los padres se preocupan. Y cuando más tensos se ponen, tanto peor comerá él.
Como primera medida, hay que prestarle mucha atención y cariño fuera de las comidas. Después, se deben establecer ciertas normas: tres o cuatro comidas diarias (servir al niño poca cantidad) y quien no quiera comer, tendrá que esperar hasta la siguiente comida.No conviene retar al pequeño, ni culparlo de nada. Si nunca le damos la opción e decir (tengo hambre(, si siempre le estamos ofreciendo algo antes de que é lo desee, los problemas no se resolverán. Tampoco debemos darle alimentos entre horas (excepto agua).Es contraproducente distraerlo con trucos, cuentos, engaños. Como si comer fuese algo desagradable. A veces da buen resultado romper el circulo vicioso sirviéndole su comida favorita.





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