13 ago. 2010

Claves para mejorar la relación padre e hijo


Nace el bebé y el papá se siente como un extraño; observa cómo la mamá amamanta al hijo, lo abraza y puede sentir el vínculo existente entre los dos. Él no sabe qué hacer; lo abraza, se siente torpe y piensa que se le caerá en algún momento y, a veces, termina por regresarlo a su mamá, convirtiéndose en mero observador.

Éste es un relato que he escuchado muchas veces de papás primerizos, y este sentimiento de incapacidad para atender al niño y darle los primeros cuidados lo hacen alejarse de su hijo; sin embargo, la participación del padre en los primeros meses de vida del niño, es de suma importancia, tanto para la madre como para el recién nacido. Para la madre, el padre será su apoyo moral y con el niño podrá formar los primeros vínculos afectivos.

El niño se nutrirá de las experiencias que vive con papá y mamá. La importancia de ambos en la educación de sus hijos es incuestionable, ya que los seres humanos estamos constituidos de ciertas características, tanto masculinas como femeninas, y en el caso concreto del papá, éste, al interactuar con sus hijos, podrá transmitir su fuerza, su virilidad y su empuje, y ayudará a la mamá a respaldar su autoridad; con esto el niño tendrá más elementos con los cuales formará su identidad.

Cuando el papá convive con sus hijos, éstos tendrán la oportunidad de no idealizar a un padre que nunca ven, a comprender que tiene defectos y cualidades, lo que les permitirá obtener más referencias a la hora de elegir su pareja en el futuro.

Por otro lado, en la actualidad, las condiciones económicas como la pérdida del poder adquisitivo, han propiciado la entrada de la mujer al mercado laboral. El desempleo no ha respetado género y según datos estadísticos del INEGI correspondientes al primer periodo de 2010, la tasa de desempleo en hombres con hijos fue de 736 mil personas aproximadamente; mientras que la cifra de mujeres en esta misma situación, fue de casi la mitad. De esta manera, los roles ya establecidos para cada uno de ellos, en base a género, que hasta hace poco eran muy comunes en México (mamá dedicada al hogar y educación de los hijos y papá trabajando), han ido transformándose. Esto lo podemos observar frecuentemente cuando salimos a la calle y vemos papás paseando a sus hijos, llevándolos al supermercado o a cualquier lugar público sin la presencia de la madre.

A pesar de ello, la sociedad se adapta lentamente a esta nueva situación, aunque todavía se pueden escuchar comentarios de asombro ante la posibilidad de que el hombre pudiera hacerse cargo de los niños. No obstante, es importante recalcar que, aunque los roles en base a género en algunas familias han cambiado, la participación de la madre no pierde importancia. Para que el niño crezca en un ambiente saludable, será necesaria la retroalimentación continua tanto de la madre como del padre.

A modo de recomendación, es importante que las madres permitan que los papás participen en el cuidado de sus hijos, otorgándoles la confianza para hacerlo. Desde que el niño nace, los padres pueden colaborar por igual en la limpieza del niño (bañándolo, cambiándole el pañal), cargándolo regularmente; así como participando en sus juegos conforme vaya creciendo, ayudándolo con sus tareas, acompañándolo en sus actividades extraescolares, etc. Asimismo, los momentos que padre e hijo puedan compartir a solas son también importantes para fortalecer la confianza entre ambos y fortalecer el vínculo existente entre ellos.

También se aconseja que el papá haga partícipe al hijo de las actividades que desarrolla fuera del hogar, como llevarlo a su trabajo de vez en cuando. El niño necesita que su padre le enseñe cómo trabajar, cómo volver de la adversidad, para que sienta que participa en el mundo externo de papá, creando un sentimiento de orgullo por compartir estos momentos con él. Además, el hijo aprenderá cómo relacionarse de manera positiva con el género femenino, al ver cómo su papá interactúa con las mujeres fuera de casa, en el trabajo, en los lugares públicos, etc.

El padre debe de ser muy claro al hablar con su hijo, recordar que está hablando con una persona inteligente y que tratará de entender lo que él le explica. Debe hablarle con la verdad, dándole la información que necesita y no una información innecesaria que pudiera confundirlo, y, sobre todo, no prometerle cosas que no se van a cumplir. Esto último muchas veces llega a pasar, a causa del sentimiento de culpa que pueda sentir el padre por no pasar mucho tiempo con su hijo.

Según el célebre psicoanalista llamado Winnicott "Cuando tanto la madre como el padre aceptan la responsabilidad por la existencia del hijo, el terreno está preparado para un hogar feliz".

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