24 ago. 2010

El segundo mes de la embarazada

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  Empiezas ahora el segundo mes de embarazo, un periodo de gran alegría pero también de muchos temores. Nadie nota todavía que estás embarazada, ni siquiera tu misma, aunque seguramente te sientes cansada, con mucho sueño, algo más sensible y un poco insegura por cómo va a ir todo. Poco a poco, tanto tú como tu pareja os iréis acostumbrando a la nueva situación y asumiendo la nueva responsabilidad que se acerca.

Cambios físicos

Al principio no te lo acabas de creer. No notas absolutamente nada, tu figura está estilizada, y todos son dudas de si el resultado del test será cierto, de si será verdad eso del embarazo, etc. Entre el susto y la emoción, el segundo mes de embarazo es un mes lleno de estrés, ansiedad e inseguridad emocional.

Quizá empezarás a ser consciente de tu embarazo si aparecen náuseas y vómitos. Pero cada mujer es un mundo y cada una puede vivir su embarazo de una manera muy diferente. En lo que se refiere a las temidas náuseas y vómitos, puede ser que no se experimenten ni en el primer ni en siguientes embarazos, o que se pase el primer trimestre haciendo ascos a cualquier perfume, sabor o textura.


Es muy frecuente notar un cansancio mayor del habitual y un deseo de dormir en todo momento que no desaparece con más horas de sueño. Esta necesidad de dormir se debe a los profundos cambios hormonales que se dan durante los primeros tres meses de embarazo y debe respetarse y dormir más: es un error combatirlo con cafés u otras sustancias estimulantes.

El útero aumenta un poco de tamaño, aunque externamente todavía no se nota. Esto provoca una mayor presión sobre la vejiga y una necesidad de orinar más frecuente que en ocasiones resulta molesto.

También los pechos aumentan un poco de tamaño, adquieren mayor sensibilidad y la aureola que rodea el pezón adquiere más pigmentación.

El volumen de la sangre que tienes en tu cuerpo también crece desde el primer día: al final del embarazo tendrás hasta un 50% más de sangre circulando por tus venas para cubrir las necesidades de tu bebé.

Otros síntomas muy comunes son la irritabilidad, la pesadez en las piernas, la salivación excesiva, el estreñimiento y el dolor lumbar. Paciencia. Estas molestias no durarán siempre. Los primeros tiempos del embarazo no son los mejores, porque tu cuerpo está trabajando muy duro y rápidamente para acomodar, lo mejor que pueda, al futuro bebé. Y eso pasa por encima de tu comodidad.

Es posible que desaparezca la apetencia sexual, bien por prejuicios, por miedo a dañar al feto, por no encontrarte físicamente bien o por sentirte que estás poco atractiva. Conviene que hables con tu pareja acerca de estos miedos o sensaciones para facilitar un clima de comprensión mutua. Háblalo también con tu ginecólogo: en la gran mayoría de casos te asegurará que el futuro bebé está bien y que las relaciones sexuales no suponen ningún riesgo para su bienestar.

También puede ser que tengas sueños relacionados con el miedo al aborto espontáneo, especialmente si ya has padecido alguno. Estos miedos desaparecen a medida que el embarazo avanza y observas que toda va bien.

Primera consulta al ginecólogo

Si todavía no has tenido tu primera consulta, no la demores. El ginecólogo, en la primera visita, confirma el embarazo, os asegura a ti y a tu pareja que todo comienza correctamente y os ayuda a preparar un plan de acción para todo el embarazo. Además, podrá saber si existen factores de riesgo para el correcto desarrollo del feto, descartando otras patologías. La mayoría de los defectos en el embrión se dan entre las semanas 6 y 10, por eso es el periodo perfecto para detectar a tiempo si existe alguna anormalidad genética en el futuro bebé. Seguramente te pedirá algunos análisis para comprobar tu estado de salud y una ecografía para confirmar el tiempo exacto de tu embarazo.

Además, es el mejor momento para plantearle al médico todas las dudas y preguntas que tengáis. Saber qué tipo de alimentación es el más adecuado, si necesitas complementos vitamínicos, hacer ejercicio físico, precauciones en el trabajo y en el modo de vida, etc.

Una buena alimentación

Las primeras semanas de embarazo son cruciales, ya que se desarrollan todos los órganos vitales del futuro bebé. La buena alimentación es imprescindible para la correcta evolución del embarazo. Deja de lado la comida rápida, los bocadillos, los dulces y las grasas y sigue una dieta variada y rica en:
Calcio: leche, queso, yogur, cereales, frutos secos y legumbres, responsables de la correcta formación de los huesos y los dientes.

Proteínas: carne magra, pescado, productos lácteos, huevos, frutos secos y legumbres, para disminuir el cansancio y aumentar las defensas del organismo.

Fibra: frutas, verduras y cereales, para prevenir el estreñimiento.

Vitamina C: cítricos y vegetales, para prevenir las infecciones y formar el colágeno del feto.

Ácido fólico: vegetales frescos de hoja verde, para el correcto desarrollo del sistema nervioso central y prevenir malformaciones.

Hierro: carne roja, huevos, cereales, vegetales y legumbres, para transportar el oxígeno por el organismo.
Pero no te equivoques: comer mejor no significa comer más, porque no es cierto eso de que "ahora tienes que comer por dos". Sólo se trata de escoger aquellos alimentos que son realmente nutritivos y dejar de lado aquellos que no sirven más que para satisfacer nuestra glotonería. Además, mantener el peso ideal a lo largo del embarazo hará que te sientas mejor, más ágil y más atractiva.

También es importante que cambies tus hábitos respecto a las bebidas con cafeína. Si eres consumidora habitual de café, piensa que no se recomienda tomar más de dos tazas diarias. Hay estudios que demuestran que beber más de cuatro cafés al día aumenta el riesgo de un aborto espontáneo o que el niño nazca con poco peso. Puedes sustituir algunos cafés por zumos naturales, agua o bebidas descafeinadas. Y no olvides que la cafeína se encuentra también en otras muchas bebidas como el té, las bebidas de cola, el chocolate o el cacao. Consulta con tu ginecólogo.

Hacer ejercicio

El deporte durante el embarazo es imprescindible, siempre que tu médico no te lo desaconseje por algún problema concreto que tengas. El segundo mes de embarazo es un buen momento para pensar en los buenos propósitos y comenzar, si no lo hacíamos hasta ahora, la práctica de algún deporte. Debemos tener en cuenta que, ante todo, debemos guiarnos por nuestro sentido común sea cual sea el deporte que vayamos a practicar: no someternos a ningún sofreesfuerzo, hacerlo de forma suave y ser comprensivas con las posibles limitaciones físicas que puedan surgir a medida que avanza el embarazo.

El ejercicio físico tiene efectos muy beneficiosos sobre la mujer embarazada:
Pone los músculos a tono y proporciona fuerza y resistencia.

Puede ayudarte a controlar y llevar mejor el peso que ganarás durante el embarazo.

Te ayuda a prepararte para la dureza del parto.

Te permite recuperar tu peso y silueta más fácilmente después del parto.

Puede reducir el dolor de espalda, el estreñimiento, la fatiga y la hinchazón.

Te ayudará a encontrarte mejor, a reducir el estrés y los nervios, a mejorar tu aspecto y a dormir mejor.
Parece milagroso y en cierto punto lo es. El ejercicio físico suave y continuado mejora la circulación sanguínea y el aporte sanguíneo a los tejidos. Y eso lo nota tu cuerpo y el de tu futuro bebé. Caminar, utilizar la bicicleta estática, nadar o hacer esquí de fondo se consideran los mejores deportes durante el embarazo, siempre y cuando no abuses de ellos. La natación es el deporte más completo ya que se trabajan casi todos los músculos del cuerpo pero, si no te gusta el agua, caminar a buen ritmo un rato cada día es un perfecto sustituto.

También es muy recomendable comenzar con las técnicas de relajación y con una tabla de ejercicios para hacer en casa que tonifiquen los músculos abdominales, de la columna, del periné, de la pelvis y de las extremidades inferiores.

Existen algunos deportes que no debes practicar durante el embarazo, ya que resultan demasiado agresivos o comportan riesgos de caída como la equitación, el tenis, el esquí alpino, el submarinismo, las artes marciales o el atletismo. Evidentemente tampoco debes participar en ninguna competición deportiva.


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