17 ago. 2010

Empezar la guardería sin angustias




Nuestro hijo va a empezar la guardería y tenemos muchas dudas. ¿De qué forma podemos transmitirle seguridad y confianza si le dejamos allí a pesar de sus llantos? ¿Qué hacemos con la culpabilidad y la tristeza que nos asaltan cada vez que le dejamos? ¿Es recomendable que un niño llegue a la escuela sin haber pasado por la guardería? Muchas son las preguntas que nos hacemos cuando llega el momento de escolarizar a nuestro hijo. Poner en práctica una serie de normas hará que nuestro hijo se sienta seguro a pesar del llanto y que nosotros superemos con éxito su incorporación a la "vida social".

La separación de nuestro hijo cuando le dejamos por primera vez con los abuelos, cuando contratamos el primer canguro para salir juntos unas horas o, por supuesto, cuando empieza la guardería, genera en nosotros un torrente de miedos, ansiedades y angustias que podemos vivir de muy diversas formas.

Como sabemos intuitivamente que nosotros somos quienes mejor cuidamos a nuestro hijo, nos resulta difícil ponerle en manos de terceros. Por un lado hemos de delegar su cuidado, pero por otro sabemos que él va a percibir nuestra ausencia, aunque sea un bebé chiquitín, y nos duele provocar en él cualquier tipo de dolor. Esa es la raíz de la ansiedad y la angustia de la separación.

Si hemos decidido que nuestro hijo va a ir a la guardería podemos hacer varias cosas para ayudarle a él y a la vez a nosotros a superar con éxito las primeras separaciones.
La primera y más importante de las recomendaciones es que intentemos superar el sentimiento de culpabilidad. Si la guardería es la mejor solución seamos capaces de asimilar que la culpabilidad no nos va a ayudar.

Es habitual llorar cuando le dejamos en el aula por primera vez. Procuremos tener un tiempo a solas o alguien con quién hablar en esos momentos. La angustia se disipará antes.
Según la edad que tenga el bebé deberemos actuar de forma sensiblemente diferente.

Si el bebé tiene entre cuatro y ocho meses:

Aparentemente es cuando sus reacciones serán menos evidentes, pero tengamos en cuenta que cuanto menor es el niño más necesita nuestra presencia y contacto. Por eso conviene:

Limitar al máximo las horas en el centro.

Asegurarnos de que las instalaciones, educadores y personal de refuerzo son los que más nos convencen. Debemos sentir total seguridad de que la escuela que hemos elegido es de nuestra más absoluta confianza.

Vigilemos posibles cambios en el niño: si deja de comer o de dormir, si está más nervioso o irritable que de costumbre e intentemos averiguar si se debe tan solo a la adaptación, por lo que sus cambios deberán durar pocos días, o si por el contrario, sufre de inadaptación y deberéis reajustar horarios o revisar dentro de lo posible el trato y la atención que recibe en el centro.

Durante el tiempo que paséis juntos cogedle mucho en brazos, habladle y acariciadle a menudo y contadle cómo os va con la separación; si le encontráis a faltar, si estáis contentos de cómo se está adaptando, así lograréis por un lado asimilar la situación y por otro estrechar los lazos con él mostrando tal y como os sentís. Los bebés son extremadamente sensibles a los estados de ánimo de sus padres y, aunque aún no puedan racionalizar lo que sienten, sí que pueden percibir la seguridad y la confianza que les transmitimos.

Llevemos a la guardería su muñeco preferido y un pañuelo nuestro para que se lo pongan en la cuna y con nuestro olor se sienta más acompañado.
A partir del año:

Esta es una etapa complicada para empezar la guardería. El niño está atravesando la fase de miedo a los extraños y sus reacciones frente a la separación suelen ser muy intensas. Por eso conviene:
Antes de empezar, visitar el centro juntos, conocer a la persona que le cuidará, jugar con él un ratito en el centro y contarle a qué habéis ido.

Paralelamente, leer o explicarle cuentos sobre niños que empiezan la escuela, papás que se van a trabajar y vuelven después a recoger a sus hijos, y sobre actividades en la guardería. No menospreciéis las horas que dediquéis a estas actividades. Cuantas más posibilidades le brindéis de pensar y hablar sobre el cambio que va a ocurrir mejor podrá encajar los momentos de soledad y de inseguridad que va a vivir.

Intentar que los primeros días el horario sea muy flexible. Podéis empezar estando con él un buen rato y marcharos juntos. Al día siguiente dejadle por espacio de una o dos horas y transcurridos dos o tres días más con este horario reducido, empezad con el horario que deba hacer.

Despediros siempre de él, aunque llore. Debe saber que os vais porque tarde o temprano lo averiguará y puede asustarse y sentirse abandonado, sentimientos estos que no le ayudarán en absoluto en su adaptación.

Decirle la hora a la que vais a volver: después de la siesta o de la comida o cuando se acabe el patio. Y sobre todo cumplid lo prometido, su confianza en vosotros es determinante para que él aprenda a convivir con la inseguridad y el miedo que le genera la separación.

No alargar el momento de la despedida. Dadle un beso y un abrazo, decidle cuándo volveréis y deseadle un buen día y, aunque llore y se enfade salid de la clase. Probablemente se le pasará el llanto muy rápidamente y enseguida empezará a jugar con los otros niños.

Intentar que las mañanas sean agradables. Vestirle sin prisas, tomar el desayuno juntos y pasear hasta la escuela os ayudará a todos a no añadir a la situación conflictos innecesarios.

Pasar mucho tiempo con él cuando le recojáis. Hablar de la escuela sólo si él quiere porque hay niños que rechazan el tema y se niegan en redondo a contarnos nada. Respetadle y comprended que también a él se le puede hacer difícil hablar de las situaciones que le duelen.

Si el niño ya tiene cerca de los dos años probablemente será más fácil el inicio de la guardería. Su mayor madurez, autonomía y seguridad le ayudarán a adaptarse más rápido al nuevo ambiente.
Empezar la escuela sin pasar por la guardería:
Al contrario de lo que comúnmente se aconseja, empezar la escuela sin pasar por la guardería no tiene porque generar más conflictos. A los tres años el niño tiene en su mano más herramientas adaptativas que en estadios anteriores: mayor madurez física y psíquica, capacidad para expresar lo que siente y lo que necesita, seguridad en que sus padres siempre regresan cuando se van, deseos de jugar y compartir el juego con otros niños, necesidad de sentirse mayor yendo a una escuela de "niños grandes". La entrada en la escuela a esta edad en niños que no han ido a la guardería no tiene porque ser peor, tengamos en cuenta que la etapa de socialización en el niño empieza en esta edad.

Las separaciones son siempre difíciles, pero como padres debemos ayudarles a que adquieran autonomía y confianza en sí mismos. Lograr adaptarse a un nuevo ambiente, tener amigos propios, una maestra especial y un ambiente que él conoce mejor que nosotros son cosas que también deben ser tenidas en cuenta como avances en su madurez y desarrollo.

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