17 ago. 2010

La importancia de la higiene buco-dental en edades tempranas


El mayor beneficio de un programa de salud bucal a una temprana edad es la oportunidad de interceptar o modificar patrones de conducta que pueden resultar potencialmente dañinos para la salud oral de los niños. Se puede ayudar a los padres con una información preventiva muy valiosa, la cual va encaminada hacia las necesidades individuales de cada niño.

La erupción de los dientes
La erupción es un proceso natural que a menudo cursa con malestar e irritabilidad solamente diurna. En algunos casos incluso esta irritabilidad puede producir diarrea. Las encías aparecen rojas e inflamadas hasta que el diente atraviesa la encía desde el maxilar hasta la boca. Si aparecen síntomas más graves no serán debidos a la erupción y deberán ser evaluados por el pediatra.
Las molestias que causa la salida de los dientes puede combatirse con objetos fríos (no helados) y duros, como un aro de masticación o algún tipo de galleta. El frío disminuye el dolor y la dureza del objeto acelera la erupción del diente. No se recomienda el uso de otra medicación (líquidos de uso tópico o analgésicos) sin consultar con el odontopediatria o el pediatra. También es importante acostumbrarse a limpiar las encías del bebé con un paño húmedo 3 o 4 veces al día.

La importancia de los dientes temporales
No es predecible cuándo va a aparecer el primer diente. Una erupción adelantada o retrasada generalmente refleja una tendencia heredada, pero si a los doce meses el niño no tiene ningún diente presente es una buena idea consultarlo con un pediatra. Como promedio, el primer diente aparece entre los seis y los ocho meses. Generalmente el primer diente en erupcionar es un incisivo central inferior. Una vez éstos han erupcionado la secuencia es la siguiente: incisivos centrales superiores, incisivos laterales, primarios molares, caninos y finalmente los segundos molares. En la mayoría de los niños los dientes de la arcada inferior son visibles uno o dos meses antes que los de la superior. Generalmente, a los tres años todos los dientes primarios (veinte) están erupcionados.

Es muy importante que los dientes temporales se conserven hasta su época normal de exfoliación. Los padres, muchas veces, no se dan cuenta de que estos dientes temporales van a resultar muy importantes de cara a la futura salud dental de sus hijos. La investigación ha demostrado que si los dientes temporales son olvidados y padecen caries, podemos tener problemas que posteriormente van a afectar a la dentición permanente. Además, los dientes primarios tienen un gran número de funciones importantes:
Ayudan a mantener una buena nutrición, permitiendo que el niño mastique adecuadamente.

Mantienen el espacio físico necesario para la colocación de los futuros dientes permanentes.

Permiten el normal desarrollo de los huesos (maxilar y mandíbula) y músculos.

Contribuyen al correcto desarrollo del lenguaje, con una buena pronunciación.

Ayudan a que el niño se sienta mejor consigo mismo y con los demás (función estética).

Guían la erupción de los dientes permanentes.

Evitar posibles trastornos psicológicos en los niños por la falta de dientes, sobre todo anteriores.
Los dientes primarios van a servir a los niños durante diez o más años. Algunos molares no van a ser reemplazados hasta los doce o trece años. Por eso conviene cuidarlos a conciencia.

Es necesario cuidar los dientes desde edades muy tempranas

Las ventajas específicas de un programa de salud bucal en edades tempranas son muchas:
Interceptar y modificar hábitos perjudiciales (como el abuso del biberón, el chupete con azúcar, etc.)

Establecer unos patrones dietéticos que no sean perjudiciales para los dientes de los niños.

Inculcar la importancia de la limpieza de los dientes.

Introducir la odontología de una manera placentera en los niños.

C onocer las recomendaciones de los suplementos ideales de flúor.


La gran cantidad de avances en investigación que se han producido en el campo de la odontología nos han facilitado métodos suficientes para prevenir las enfermedades buco-dentales en gran medida. La Academia de Odontopediatría recomienda el establecimiento de un programa preventivo a temprana edad (3-5 años). La primera visita está recomendada al año de edad y las visitas de control cada seis meses. Es siempre mucho más fácil prevenir la enfermedad que curarla. En pediatría, desde temprana edad, podemos tener un control del crecimiento y desarrollo de las estructuras orofaciales. Tenemos la oportunidad de detectar problemas ortodóncicos y prevenirlos. Podemos intervenir en malformaciones producidas por el hábito de chupeteo del pulgar o por la persistencia del uso del biberón o del chupete.

La higiene de los dientes


Al principio podemos limpiar las encías del bebé con una gasa o una tela húmeda. Al mantener limpias las encías reducimos el número de bacterias orales y la producción de ácidos, y con ello la erupción dental tendrá menos complicaciones. Cuando erupcionen los primeros dientes y el niño lo permita se introducirá un cepillo infantil de cerdas suaves y mango ancho. A los 2 años se usará pasta dentífrica infantil, utilizando una cantidad similar al tamaño de un guisante y debemos evitar que no se la trague.

Hasta los 6 o 7 años no se considera que el niño tenga la habilidad suficiente para cepillarse los dientes solo correctamente. La mayoría requiere la supervisión de un adulto hasta los 8 años, cuando ya ha demostrado mayor destreza. Debe supervisarse por lo menos dos veces al día: mañana y noche.

Por naturaleza, el niño realizará un cepillado horizontal. Hasta los 6 o 7 años no tiene el desarrollo psicomotor suficiente para aprender a realizar un cepillado de barrido adecuado. Antes de esta edad no hace falta enseñarle la técnica correcta: lo importante es que se cepille los dientes. A los 6 o 7 años puede iniciarse la técnica de cepillado vertical, cepillando desde la encía al diente.

Para que el cepillado de los dientes se convierta en un hábito, existen dos factores fundamentales a seguir:
Inicio temprano, al erupcionar los dientes.

La higiene debe ser un acto regular dentro del hogar: al principio la higiene oral puede convertirse en un evento familiar que el niño no debe perderse. De esta manera aseguramos que se cree el hábito que continuará al crecer el niño. Debemos tener en cuenta que el niño aprende por imitación, observando las acciones de sus padres y hermanos.
Lo más indicado sería cepillarse los dientes después de cada ingesta. Por la dificultad que esto comporta, se cepillará por lo menos dos veces al día con una pasta fluorada. Debe insistirse sobre todo antes de ir a dormir, ya que durante la noche el flujo salival está disminuido y las bacterias actúan con mayor rapidez.

La importancia del flúor


El flúor sistémico a través de una ingestión de agua corriente fluorada a dosis óptimas ha reducido el número de caries en un 50-60 % de la población de Estados Unidos. En las zonas donde el agua tiene menor nivel de flúor que el considerado óptimo, la suplementación sistémica mediante gotas o tabletas puede proporcionar la misma reducción en el número de caries. En una situación ideal siempre debería analizarse el contenido en flúor del agua para conocer con exactitud la suplementación necesaria. Los niños deben recibir flúor sistémico, si es necesario, hasta los seis o siete años, cuando aparecen los primeros dientes permanentes. Con la aparición de los dientes permanentes en la boca, si el dentista considera oportuno que hay necesidad de una suplementación ésta debe ser tópica, en forma de colutorio, bien diario (concentración de flúor 0,05%) o bien semanal (concentración de flúor 0,2%). Aparte, y siguiendo los consejos de la Academia Americana de Odontología, el niño recibirá flúor acidulado en forma de gel bianualmente en sus visitas de revisión al dentista. El flúor puede prevenir dos de cada tres caries; por tanto, es un elemento importantísimo en la prevención de la caries.

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